El Café Tortoni es el más antiguo de la Ciudad de Buenos Aires. Fundado en 1858, comenzó a funcionar primero en la esquina noroeste de Esmeralda y Rivadavia. Conservó ese domicilio hasta mediados de la década de 1880, que se pasó al actual. En sus mesas de mármol y en sus paredes cargadas de historia se condensa buena parte de la vida cultural porteña.
Por allí pasaron figuras fundamentales de la literatura y la música, como Jorge Luis Borges, Luigi Pirandello, Federico García Lorca y Julio Cortázar, además de músicos de proyección internacional como Arthur Rubinstein y el mítico Carlos Gardel. El Tortoni fue, desde sus orígenes, un punto de encuentro para intelectuales, artistas y amantes de la bohemia.
Su primer propietario fue un inmigrante francés, Jean Touan, que decidió bautizarlo así en homenaje al célebre Café Tortoni de París. Per también hubo otro francés, un vasco francés a decir verdad, que quedó ligado para siempre a la historia del Tortoni. Se llamaba Celestino Curutchet y era el marido de Ana Artcanthurry, hija de la mujer de Touan. Posiblemente atraído por lo que su suegra contaba sobre Buenos Aires, en 1870, Curutchet decidió que se mudarían a la Argentina. En 1879, se hizo cargo del Tortoni, que dirigió hasta su fallecimiento. Fue él quien trasladó el local a la calle Rivadavia y, el 26 de octubre de 1894 —pocos meses después de la inauguración de la Avenida de Mayo—, abrió una nueva entrada sobre esa arteria. Además, convirtió al Tortoni en pionero al instalar mesas y sillas en la vereda, una costumbre que luego se volvería clásica en la Ciudad.
En 1898, el arquitecto Alejandro Christophersen diseñó la imponente fachada que aún hoy se luce sobre la Avenida de Mayo y que terminó de consolidar su identidad.
En la actualidad, el café mantiene viva su tradición cultural: en su subsuelo se realizan espectáculos de jazz y tango, en diálogo con el entorno inmediato donde funcionan la Academia Nacional del Tango, el Museo Mundial del Tango y el Museo del Mate.
¿Sabías que Carlos Gardel tenía una mesa reservada en el Tortoni, alejada de la mirada de sus admiradores? Según el poeta Enrique Cadícamo, se ubicaba sobre el costado derecho del salón, junto a la ventana, ingresando por la calle Rivadavia.