Inaugurado en 1894, cuando la Avenida de Mayo recién comenzaba a delinearse como uno de los grandes paseos de la Ciudad, funciona en la planta baja y el subsuelo de un edificio de departamentos de estilo academicista francés, proyectado por los arquitectos Tiphaine y Colmegna para la Compañía de Seguros La Franco Argentina. Hoy, ese mismo edificio alberga al Hotel Marbella, sumando nuevas capas de historia al lugar.
Su nombre no es casual: alude al fabricante de las mesas de billar, un guiño que cobra pleno sentido al cruzar la puerta. Actualmente, el café cuenta con ocho mesas de billar de más de 120 años de antigüedad —restauradas y en perfecto funcionamiento— y nueve mesas de pool profesionales. No es solo un espacio para mirar o jugar: aquí llegó a funcionar una escuela donde se podían tomar clases y aprender estos deportes con tradición porteña. Uno de los profesores era Osvaldo Berardi, campeón mundial de billar e ícono del bar. En su honor, la sala de billar lleva su nombre y tiene una placa conmemorativa.
En sus primeros tiempos estaba abierto las 24 horas y era escenario de espectáculos musicales en vivo. A lo largo de su historia, fue punto de encuentro de figuras destacadas de la cultura y el periodismo. Entre sus habitués se cuentan escritores como Federico García Lorca, quien se alojaba en el cercano Hotel Castelar, Abelardo Arias, y periodistas como Miguel Ángel Bavio Esquiú y Timo Zorraquín.
Sin embargo a finales de 2013 estuvo a punto de perder su sello, cuando lo compró una cadena de pizzerías. Pero la Legislatura porteña lo declaró “Patrimonio Cultural de la Ciudad”, impidiendo cambios en su uso y estructura sin aprobación gubernamental.
Hoy, sigue siendo un refugio donde conviven la arquitectura, la literatura, las charlas y el sonido inconfundible de las bolas de billar. Un lugar para detenerse, mirar alrededor y sentirse parte de una historia que sigue viva en pleno centro de Buenos Aires.