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Vistiendo pies que bailan
Conocé al zapatero cuyos productos deben seguir luciendo bien después de horas de baile.

Zapatos para admirar... y para sobrevivir

Rafael Padula no hace cualquier zapato, hace zapatos de tango. Zapatos que no solo tienen que verse bien y llamar la atención sobre los pies de los bailarines, sino que además deben ser cómodos y lo suficientemente fuertes como para sobrevivir horas de uso intenso. Los pies que los calzan pasan mucho tiempo en las pistas de las milongas de Buenos Aires.
 
"No es lo mismo bailar que caminar por la calle", dice Rafael. “En la calle no vas a saltar usando tacos de 9cm. No vas a caer con todo el peso en el taco. Usamos clavos especiales y el zapato tiene que estar más reforzado porque está mucho más expuesto a golpes. Tienen que ser cómodos para bailar toda la noche. Pero también tienen que ser bellos. Con el tango lo que más se mira es los pies. Podés ponerte el mejor traje o el vestido más lindo pero si no tenés unos buenos zapatos no se dice nada".
 
 

Cómo se logra

Rafael realiza las creaciones de los diseñadores Alicia Muñiz y Raquel Coltrinari para Comme il Faut, que desde 2003 se ha convertido en uno de los nombres principales en zapatos de tango al revolucionar los diseños: zapatos con dedos abiertos, encaje, satén y terciopelo en colores vivos y contrastantes. Su showroom en el barrio de Retiro suele estar lleno de bailarines de todo el mundo. Allí se prueban los zapatos que Rafael y su equipo confeccionan del otro lado de la ciudad, en su taller de Mataderos. El nombre de la marca proviene de un tango clásico escrito por Eduardo Arolas en 1918; la traducción de su título es "cómo debería ser", y esto también es parte de la impronta del trabajo de Rafael.
 
"Tenemos la responsabilidad de hacer los zapatos bien", dice. “Hay mujeres que los usan para trabajar; que los usan en el escenario así que tenemos que hacerlos bien ".
 

Historia familiar

Rafael nació dentro de esta profesión. Su abuelo, Antonio, tuvo su propia fábrica en 1955 después de emigrar de Italia, y su oficio continuó en la generación siguiente, con Fortunato, el padre de Rafael. "Crecí entre cuero, clavos y hormas porque mi mamá también trabajaba allí", dice Rafael. “Por eso cuando me preguntan, ¿cómo aprendiste? es muy difícil explicar que es porque desde que tengo uso de razón pasé mis días ahí, viendo ese trabajo”.
 
Sobre todo, está orgulloso de continuar la tradición y de fabricar zapatos artesanales en Argentina. "No me gustaría hacer una producción enorme", dice. “Prefiero no perder esto de estar con la gente, de sentarme y hablar a la mañana con un compañero sobre la vida y el trabajo. Si se pierde este contacto, se pierde el producto que se hace. Es muy puntual esto cuando son cosas artesanales porque todos los días tenemos un desafío, ya sea porque tal material tenemos que usarlo de una forma diferente a la habitual o porque tenemos que usar otro método por las características del cuero. ¡Los fabricantes en argentina somos los mejores armadores de rompecabezas de todos! ”
 
Comme il Faut, Arenales 1239, Rues des Artisans.
 
 
 
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