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La bibliotecaria que cumple años el Día Mundial del Libro
Hace dos décadas que Susana Gudalewicz trabaja en la Biblioteca Nacional Argentina.

Un edificio emblemático

Las bibliotecas normalmente poseen una atmósfera especial y enrarecida, y la Biblioteca Nacional de Argentina no es una excepción. Tal vez sea porque el famoso escritor y amante de las fantasías literarias y los laberintos Jorge Luis Borges alguna vez fue su director. Puede ser también por los tesoros escondidos entre los millones de títulos almacenados allí, incluyendo varios incunables. O tal vez sea por la ubicación histórica de su edificio de estilo brutalista, que fue construido intencionalmente sobre las ruinas de lo que fuera la residencia presidencial de Perón y Evita
 
El edificio actual, inaugurado en 1992, ofrece una vista increíble hacia el río desde las salas de lectura y estudio del quinto piso. La mayoría de los libros están en los tres sótanos, fuera de la vista, y se transportan a pedido hacia la sala de lectura mediante ascensores. El equipo de bibliotecarios se ocupa de todas las solicitudes, que pueden ser completamente inusuales.
 
 

Abierta a toda hora

"La gente se queda las horas que quiere", dice Susana Gudalewicz, inspeccionando la brillante sala de lectura iluminada por el sol del quinto piso, donde docenas de lectores casuales y estudiantes se instalan todos los días para leer o estudiar mientras toman mate. Es probable que algunos permanezcan hasta el cierre, a la medianoche.
 
“Es un hermoso lugar para estudiar porque tenés este espacio moderno con esta vista, y con muebles hermosos de la biblioteca antigua. Es comprensible que haya gente que pasa todo el día acá”.

Una pasión de toda la vida

De niña, Susana nunca podría haber sabido que en 1995 su cumpleaños, el 23 de abril, se convertiría en el Día Mundial del Libro. Pero parece apropiado para alguien que ha pasado dos décadas dedicándose a preservar libros y ponerlos en manos de los lectores. Comenzó a trabajar en la biblioteca hace 20 años, después de haberse formado en la propia escuela de bibliotecarios de la Biblioteca Nacional, que fue fundada por Borges en 1956.
 
“Algo siempre me conectaba con los libros,” dice. “Mucha gente pregunta qué es lo que hago, porque no entienden bien, así que explico que soy la intermediaria entre el libro y el usuario, que viene a buscar cierta información. Tengo que tratar de encontrar lo que está buscando. La tarea es linda para la gente a la que le gustan los libros y disfruta aprender, porque tenés que saber dónde está todo y cada consulta deja un nuevo aprendizaje.". 
 
“Yo creo que si a alguien le gustan los libros, se enamora de la biblioteca. Ingresar los libros, poner la materia, revisar que todo esté bien. Tenés que saber un poco de todo y siempre te ponés a investigar un poco sobre qué es lo que tenés en la mano y eso te va formando. Abrís un libro y algo nuevo vas a aprender. Vas aprendiendo más cosas y vas queriendo más a la biblioteca”.
 
Después de tanto tiempo de experiencia, Susana tiene una clara idea del propósito que tienen las bibliotecas. "Si vos tenés un libro único, si lo guardás en tu casa no sirve. Sirve para vos solamente. Si está en una biblioteca, esta información que está en este libro único se difunde. La misión de la biblioteca es esto, preservar la material y difundirlo para futuras generaciones”. 
 
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