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La jardinera y su isla propia
El Jardín Botánico puede significar un mundo en sí mismo para ciertas personas. Y Gabriela Cutrera es una de ellas.

“Es como una isla en la ciudad. Es un mundo aparte”, dice Gabriela Cutrera mientras nos abre las puertas de su reino, el bellísimo Invernadero Número 1, una estructura histórica que se exhibió por primera vez en la Exposición Universal de París de 1910.

Un microclima único

Gabriela, técnica en floricultura y jardinería, coordinó durante casi una década al equipo de voluntarios que cuida del Jardín Botánico. Ahora está a cargo del mantenimiento de las plantas tropicales de este famoso invernadero de estilo art nouveau, cuyos pasillos están decorados con helechos.

“Primero, temprano a la mañana, arrancamos con un chequeo del invernáculo”, afirma. “En época de calor hay que estar atento, mirando y regando, conociendo cada plantita. Hay que ver qué necesita: si necesita agua o no, si hay que cambiarla de lugar, si hay que sacarle las hojitas secas. Es un cuidado permanente. Son como bebés que vas cuidando”.

 

Un trabajo terapéutico

Parte de los voluntarios que trabajan en el jardín son estudiantes de floricultura y jardinería, mientras que otros no tienen conexión alguna con el tema pero evidentemente encuentran una dimensión casi terapéutica en su trabajo. “Hay mucha gente que viene sencillamente porque quiere colaborar con el Jardín Botánico y es como su cable a tierra”, expresa Gabriela. “Trabajar con las plantas es extremadamente gratificante. Si hacés las cosas bien vas a ver los resultados; las plantas te responden: un día llegás y ves que algo floreció...es increíble”.
 
Y continúa: “La verdad es que trabajar de lo que a uno le gusta es impagable. Por un lado, me encantan las plantas, lo verde, estar en contacto con la tierra, trabajar al aire libre y hasta esa sensación de estar medio reo en el piso ensuciándote. Y, por el otro, me encanta la gente con la que trabajo; es un grupo muy heterogéneo en el que todos tenemos la misma pasión por las plantas, por un yuyito”.

Cuándo visitarlo

Creado por el paisajista francés Carlos Thays en 1898, el Jardín Botánico de Buenos Aires tiene unas siete hectáreas de extensión y más de 6000 especies de árboles y plantas, muchas de ellas agrupadas en regiones. También cuenta con un jardín de mariposas, una biblioteca botánica, jardines orientales, cinco invernaderos y una gran colección de esculturas. ¿La mejor época del año para visitarlo? “En cualquier momento”, asegura Gabriela.
 
“Siempre hay algo particularmente interesante para ver. Claro que la primavera, en septiembre y octubre, es una linda época pero también en otoño es especial por los cambios de colores. Siempre, todo el año, hay un lugarcito increíble para disfrutar del jardín. La naturaleza siempre te sorprende”, cierra Gabriela.

Visita el Jardín Botánico de Buenos Aires. Santa Fe 3951, Palermo.

 

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