Fundado en 1927, impulsado por la familia Méndez, es una de las joyas arquitectónicas de la mítica Av. Corrientes. En sus primeros años funcionó fuertemente como sala cinematográfica y luego se volcó por completo a los shows en vivo.
Si algo convirtió al Astral en un lugar emblemático de la cultura porteña fue lo que ocurrió sobre sus tablas. A lo largo de casi cien años, el escenario recibió a artistas que marcaron distintas generaciones del espectáculo argentino.
En 1940, el prominente empresario Francisco Gallo creó la firma Espectáculos Gallo y ésta tomó las riendas del teatro hasta hoy. Lo cierto es que a partir de ese momento, se consolidó definitivamente como uno de los pilares de la escena teatral de la ciudad.
Este escenario tiene la huella de figuras como Carlos Gardel, Tita Merello, Luis Sandrini, Mirtha Legrand, Alfredo Alcón, Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Antonio Gasalla, Susana Giménez y Moria Casán, entre muchos otros. También,Guillermo Francella, Ricardo Darín, Adrián Suar, Diego Torres, Martín Bossi, Rodrigo de la Serna y Agustín “Rada” Aristarán. La lista permite recorrer distintas épocas, géneros y generaciones de artistas.
El Astral también fue un pilar contracultural para el rock argentino. Por aquí pasaron desde las históricas mañanas de Luis Alberto Spinetta presentando Artaud, hasta los debuts emblemáticos de Charly García con La Máquina de Hacer Pájaros y el concierto consagratorio de Virus presentando su mítico álbum debut Wadu Wadu en 1981.
En el comienzo del siglo XXI hubo una renovación de la sala y llegaron producciones icónicas y multipremiadas como Grease, Tanguera, Cabaret, Hairspray (protagonizado por Enrique Pinti) y El joven Frankenstein (con Guillermo Francella).
Su fachada de estilo art decó, diseñada por el arquitecto Alberto Edmundo Bourdon, guarda detalles que hablan de una época de profundas transformaciones. Entre ellos se destaca un particular techo corredizo en la sala, una solución arquitectónica poco habitual que forma parte de la historia del edificio.
El teatro nació en un momento en que Buenos Aires comenzaba a mirar hacia las nuevas expresiones de la cultura y la arquitectura. El proyecto original había sido pensado con una estética inspirada en el siglo XVIII francés, con guirnaldas, volutas y candelabros de estilo Luis XVI. Sin embargo, el interior terminó tomando otro rumbo, influenciado por la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París de 1925 y los grandes transatlánticos de la época.
El resultado fue un edificio que combinó la elegancia de la tradición con el espíritu moderno de una ciudad que estaba cambiando.
Hoy, casi cien años después, esta sala sigue siendo sinónimo de lo mejor de la actividad artística porteña.
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