Miramar es todo un emblema del barrio de San Cristóbal. La historia cuenta que antes de convertirse en bodegón, aquí funcionó una fábrica de sombreros de la que parece que era cliente el mismísimo Carlos Gardel. A mediados del siglo XX, la familia Ramos lo transformó en un ícono de la gastronomía de la Ciudad. Un lugar para probar los clásicos de la cocina española, en un ambiente auténtico de bodegón y con su estética intacta: paredes repletas de fotos, estantes con latas en conserva, amplios mostradores de madera, jamones colgando del techo, decenas de botellas de vino, una cava de quesos y embutidos, y un emblemático spiedo, puesto que no sólo es restaurante sino también rotisería.
El origen de su nombre es una historia aparte: resulta que en 1950, cuando se inauguró el local, había una reconocida rotisería que se llamaba Mar del Plata. Y la familia Ramos decidió bautizar su negocio con el nombre de otra localidad de la costa bonaerense.
Miramar fue refugio de referentes de la música porteña, como el “Polaco” Goyeneche y Aníbal Troilo. También fue frecuentado por personajes de la política y el sindicalismo, como el metalúrgico Lorenzo Miguel, quien compraba allí todos los días su almuerzo, o el expresidente Fernando de la Rúa. El cómico Alberto Olmedo vivía enfrente y era habitué. Hoy, es frecuente ver a la artista plástica Marta Minujín yendo a buscar su tortilla española para llevársela a su taller, que queda a una cuadra.
Algunos de los platos más recomendados son las picadas, los guisos, las tortillas de papa babé, el mondongo, el rabo de toro en vino tinto, el lechón, las ancas de rana, las sardinas asadas, la chambota y los caracoles. De postre, el vigilante (queso y dulce) o la mousse de chocolate. La carta de vinos es excelente. Un lugar para conocer y redescubrir una y muchas veces.