En la esquina de Ravignani y Paraguay, el Bar Montecarlo es uno de los rincones que permiten descubrir una parte de la historia cotidiana de Palermo. Abrió sus puertas en 1922 y, desde entonces, atravesó generaciones de vecinos, visitantes y personajes ilustres, mientras conservaba buena parte de la identidad que lo convirtió en un clásico del barrio. Por ejemplo, cuentan que aquí Ernesto Guevara de la Serna habría planificado algunos de sus viajes en motocicleta por América Latina antes de convertirse en el “Che”.
Durante la pandemia de 2020, tuvo que cerrar sus puertas. Pero reabrió remodelado y con más bríos en la primavera de 2021. El ambiente es parte fundamental de la experiencia. Los pisos de baldosas en damero, las mesas de madera y las sillas tapizadas en granate recuperan la estética de otras épocas. También forman parte de la puesta las puertas de hierro originales de 1922 y la baranda forjada del balcón. En esta última etapa, la barra fue reubicada sobre Ravignani, en el lugar que tenía en los orígenes del bar.
Entre sus clásicos gastronómicos se destaca el budín de pan, elaborado a partir de una receta tradicional que forma parte de la historia del establecimiento. Y hay otro detalle que se convirtió en una de sus señas particulares: las enormes tazas de café, de casi medio litro, que el Montecarlo presenta como unas de las más grandes de la Ciudad.
La propuesta combina recetas clásicas con una carta que incorpora ingredientes de estación y opciones que varían según el momento del día. Hay empanadas, meriendas, sándwiches, platos de cocina porteña y opciones para acompañar con un café, una copa de vino o un aperitivo. Entre las especialidades también aparece el trago Montecarlo, preparado con gin, Hesperidina, granadina y jugo de limón.
El bar suma además una despensa, con productos como té en hebras, salsas y mermeladas, que amplía la experiencia más allá de las mesas del café.