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Conocé al arquitecto que renueva el edificio que lo inspiró
Fernando Carral continúa descubriendo secretos en el Palacio Barolo, un lugar que lo marcó cuando era niño.

A los cinco años, Fernando Carral ya se fascinaba con uno de los edificios más majestuosos y peculiares de Buenos Aires: su madre lo solía llevar a la Plaza del Congreso ("el único lugar con palomas en ese momento") y después, ante su constante insistencia, se acercaban al hall del Palacio Barolo, cuyo piso vidriado lo cautivaba.

 

La relación de Fernando con el edificio emblemático del italiano Mario Palanti, el más alto de Sudamérica cuando fue inaugurado en 1923, se mantuvo a lo largo de su formación como arquitecto y luego lo motivó a alquilar un espacio en el Barolo que él convirtió en su oficina. Ahí pronto se encontró trabajando en el mantenimiento del edificio y promoviendo la restauración que se efectuó para el Bicentenario de la Argentina en 2010.

"Es un sueño trabajar en este lugar", dice. "Puedo ver la torre desde mi ventana y hasta casi llego a tocarla con mi mano… está muy cerca. Es algo que va más allá de su aspecto, es algo personal", sigue.

Reavivar la gloria de siempre

El edificio se volvió a pintar y decorar, pero el gran desafío de Carral fue la minuciosa reparación que realizó del reflector que encabeza la torre: su espejo parabólico es insustituible y el tamaño de la lámpara es demasiado grande como para bajarla por las escaleras. ¿El resultado? Tuvo que ser desmontada in situ. “La desarmamos con temor. No pudimos tomar una referencia de quien aprender ya que no se había hecho nada similar", sostiene.

Iluminar los secretos del Barolo

El Palacio es reconocido por sus incipientes referencias arquitectónicas a la Divina Comedia de Dante. Asimismo, también cuenta con simbolismos masónicos que todavía se están estudiando, como por ejemplo, su constitución sobre el agua, en donde se puede ver una corriente subterránea a través de un pozo en el sótano. La fascinación de Carral por el edificio y por su arquitecto milanés lo llevaron a visitar el lugar de nacimiento de Palanti y la universidad en la que se graduó.

"Ahora el edificio es bien conocido, que es lo que quería: que la gente supiera sobre este increíble ícono porteño", expresa Carral. "Pero todavía hay mucho por descubrir. Este es un gran rompecabezas y seguimos encontrando piezas nuevas y emocionantes. Todavía hay espacios que necesito explorar para ver qué hay, así que la historia continúa ", cierra.

Y este relato tiene todavía mucho por escribir: Carral está transmitiendo todo lo que sabe sobre el Barolo a su hijo, Julián, para que así su legado sea eterno.
 

 

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