Es uno de los cinco restaurantes más antiguos de Buenos Aires y, desde sus inicios, tuvo un destino claro: convertirse en un sitio emblemático.
En “la triple frontera” porteña, el café se destaca por su famoso jamón crudo, sus especialidades alemanas y su cerveza tirada.
Arte, tragos y cocina de primer nivel en una casona del academicismo francés de principios del siglo pasado.