Una bomba que se explota cada lunes

Un grupo de percusionistas lleva una década haciendo los clásicos lunes del Konex.
“Loco, tenés que ir a la bomba de tiempo en el Konex”, “cuando viajes a Buenos Aires no podés dejar de ir a ver a la bomba de tiempo”, “fui al Konex cuando tocó la bomba de tiempo y estuvo increíble”, frases como estas no han parado de llegarme de parte de mis amigos cuando han viajado a Buenos Aires. Sabía que no podía dejar de ir, las motivaciones y recomendaciones para hacerlo eran muchas.
(Agustín Suarez - Fotógrafo, Experiencia BA)

En el Konex

Fue entonces que unos de mis primeros lunes en la ciudad agarré mi cámara y mi mochila, salí a abordar el subte b para bajarme en la estación Carlos Gardel y llegué escasos minutos antes de que empezara la fiesta. El show daba inicio a las 20, la ansiedad del publico se hacía notar, yo sabía que estaba en el lugar correcto, en el momento más oportuno y con las personas indicadas para vivir una experiencia que daría de que hablar.

Los percusionistas

Entre aplausos, ovaciones y personas que se abalanzaban hacia el escenario aparecieron 14 tipos vestidos de rojo, sin decir una palabra y de manera tranquila empezaron los primeros golpes a los parches de los tambores que acompañaban a este grupo de percusionistas. Es un espectáculo que ya ha cumplido su primera década y es un clásico de todos los lunes. El ritmo empezaba a aflojar el cuerpo; obligándonos a entrar en un ritual de ritmos improvisados. La gente que te rodeaba era el elemento que completaba el círculo,  comprendí que si no fuera por ellos la experiencia no sería la misma, el baile nos contagiaba, nos unía y nos hacía compartir.

Sentí que a medida que transcurría el tiempo los músicos aumentaban la intensidad de sus ritmos haciendo subir la temperatura y la buena onda. Pude calmar mi sed provocada por el movimiento y el calor de los cuerpos con una birra bien helada. A la  mitad del show un trompetista llegó al escenario para agregarle otros matices al ritmo que ya marcaban los instrumentos de percusión.

La fiesta duró dos horas, las cuales pasaron tan rápido que no podía creer que ya terminara, los músicos se fueron pero no por mucho, respondiendo al clásico canto de “otra, otra” o “una más y no jodemos más” volvieron a pisar el escenario con toda la energía y nos regalaron varios minutos más de ritmo, los cuales aproveché al máximo dejando salir las reservas de energía para bailar un buen rato más. Llegó el fin, nos despedimos con aplausos, risas y gritos.

El final

Al salir de la ciudad Konex y con una sonrisa de oreja a oreja descubrí que no era momento de volver. En plena calle nos esperaban otro grupo de percusionistas que se estaban partiendo las manos al tocar y qué mejor idea que hacerles el aguante de compartir esos repiqueteos que llamaban a entregarse nuevamente al ritmo. Había mucha gente, los autos no podían pasar, nos tocaban bocina, algunos con bronca, otros con buena onda y ganas de participar. Mi cuerpo ya notaba el cansancio pero no importaba, imposible era dejar de bailar. Empezamos a marchar por la calles del Abasto bailando, riendo, compartiendo, éramos todos amigos.

Luego de un buen rato sentí que ya era el tiempo de volver, mis piernas me pedían a gritos que me sentara, ¡qué manera de empezar la semana! Volví a la estación Carlos Gardel reviviendo mentalmente todo lo que había pasado. Ahora sí puedo decir que viene a Buenos Aires y no me privé de ver a la bomba de tiempo, todo superó mis expectativas, voy a volver tantas veces como sea posible y enajenarme con el sonar de los tambores.

Escrito por Agustín Suárez.


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