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El paso de los inmigrantes
Diferentes comunidades dejaron su huella y también su arquitectura.

Desde sus inicios, Buenos Aires se caracterizó por las numerosas corrientes migratorias que llegaron. Desde Europa, Asia Menor, Extremo Oriente y hasta los países limítrofes encontraron lugar en la gran ciudad.

Muchos llegaron en barco. Hasta 1886 arribaban por el Puerto Madero, que al poco tiempo quedó obsoleto. El éxito comercial de la ciudad generó que los buques fueran demasiado grandes y no entraran más. Así nació el Puerto Nuevo, inaugurado en 1911 y con las dimensiones necesarias: dos escolleras y cinco dársenas dentiformes. A su alrededor se construyeron edificios de diferentes dependencias del Estado como las súper usinas, la sede de Ferrocarriles del Estado y la nueva Casa de la Moneda, entre otros.

A pocos metros se levantó el Hotel de los Inmigrantes, que actualmente funciona como museo. Desde 1911 alojaba a 2 mil personas en los ocho cuerpos distribuidos en seis hectáreas del puerto. Dispuestos sobre una plaza central, había estrictas normas de convivencia y también clases y lecciones para quienes recién llegaban a la nueva tierra.

En San Telmo está el pasaje comercial La Defensa, un emblema del academicismo italiano. Su fachada revistada en mármol era símbolo de una familia pudiente y en el interior tenía tres patios con diferentes áreas que incluían una huerta. Pero la casona fue abandonada a principios del siglo XX y se convirtió en un conventillo, donde llegaron a vivir 32 familias (unas 120 personas) hacinadas. Desde 1981 es una exitosa galería comercial.

También los italianos tuvieron un importante edificio en la actual calle Perón al 1372. La Società Unione e Benevolenza comenzó como una red de pertenencia social en 1858. Fueron tres millones de inmigrantes del país peninsular y muchos encontraron en esta mutual, un espacio de contención, que llegó a los 6300 afiliados en 1888. La imponente fachada y los diversos altorrelieves hacen mención a la diversidad de posturales políticas entre los asistentes, lo que también se refleja en los escudos regionales y los bustos de figuras itálicas.

Llegando hacia el centenario argentino, los españoles representaban el 10% de la población. Gallegos, catalanes y andaluces, principalmente, tuvieron su propio club fundado en 1872. En pleno centro de la ciudad, el holandés Enrique Folkers dispuso un edificio de estilo art nouveau que se caracteriza por destacadas pinturas en el interior, una lujosa escalera de mármol y una fachada con motivos árabes y bizantinos.

Si de influencia rusa se habla, la Iglesia Ortodoxa sobre el Parque Lezama es una eminencia. Sus cinco cúpulas acebolladas de color turquesa representan a Jesús y a los cuatro evangelistas. La construcción remite a los templos moscovitas y en el frontispicio hay un mosaico hecho en San Petersburgo, donde está la imagen que la da nombre a la iglesia: la Santísima Trinidad.

No fue tan grande la inmigración rusa como tampoco la danesa, sin embargo, ambos tienen su propio lugar para rendir culto. En la calle Carlos Calvo al 200 vale la pena detenerse para caminar por un rincón típico de San Telmo y visitar la Iglesia Dinamarquesa, única en su especie en la ciudad. Tiene una sola nave, oficia el culto luterano y está hecha bajo el lineamiento gótico de su país con ladrillo al molde. La torre tiene una escalera que hace referencia a la escala del sueño del patriarca Jacob, mencionada en el Génesis bíblico.

Camino hacia el norte de la ciudad, está la Torre Monumental, cerca de la estación Retiro. Antes era llamada “Torre de los Ingleses” hasta que la guerra de Malvinas con el país europeo le valió el cambio de nombre. Con 70 metros y estilo renacentista, tiene un reloj y un carrillón que marca el cuarto de hora con el mismo sonido de la Abadía de Westminster.

Por último, en el barrio de Recoleta está Plaza Francia, que lleva ese nombre por el monumento que realizó Èmile Peynot con motivo del centenario de la revolución argentina. El artista realiza una analogía con la revolución francesa y destaca cuatro historias del momento de emancipación de ambos países: el cruce de los Andes, la Asamblea Nacional francesa declarándose soberana, la Primera Junta de gobierno rioplatense y la toma de la Bastilla. El monumento de doce metros es de mármol de Carrara y la imagen corresponde a Marianne, figura que representa la República Francesa, y que lleva de la mano a la pequeña Argentina.