A principios del siglo XX, muchas ciudades comenzaron a tener un estilo jovial, moderno y más libre de las reglas clásicas. El art nouveau cobró relevancia y sus planos se expandieron por todo el mundo.
En la Ciudad, los inmigrantes encontraron en este estilo una manera de oponerse al academicismo francés que caracterizaba a la burguesía local. Hoy existen centenares de edificios en Buenos Aires diseñados bajo los parámetros del art nouveau, como el Palacio Barolo, Savoy Hotel, Club Sirio Libanés, Yacht Club Argentino, Galería Güemes y la librería El Ateneo Grand Splendid. Por eso, la Ciudad forma parte de la Ruta Argentina de Art Nouveau.
El Casal de Catalunya, construido en 1889, ayudó durante años a inmigrantes a vincularse con la sociedad argentina. Tiempo después, los arquitectos Juan García Núñez y Eugeni Camplloch, seguidores de Antoni Gaudí, llevaron a cabo unas refacciones que contrastan fuertemente con el estilo italianizante de la zona. Se destacan los vitrales del bar, el cielorraso del foyer y las columnas con capiteles.
En la misma cuadra de Av. Rivadavia al 2000, a menos de cien metros uno de otro, Eduardo Rodríguez Ortega construyó dos notables edificios: el Palacio de los Lirios y la vivienda colectiva “No hay sueños imposibles”. El primero tiene una fachada ondulante, un eje medio y balcones bow window en el centro. Las líneas curvas se plasman en los tres pisos, los muros, los balcones, los pasillos internos y hasta en las barandas. La decoración se completó con elementos de la naturaleza y la herrería artística. Por su parte, la vivienda colectiva “No hay sueños imposibles” se ubica en la esquina de Rivadavia y Ayacucho, Se la conoce con ese nombre porque en su frente tiene una leyenda escrita en catalán que dice: “No ni ha somnis impossibles”. Se destaca su cúpula de tres pisos con un primer nivel de la base, otro del tempietto y en los más alto un cupulín que remata el edificio.

Si bien las fachadas del art nouveau se caracterizan por sus colores, formas y bajorrelieves, también se han aplicado diseños más sobrios con losa de hormigón y hierro, pero conservando las terminaciones curvas.
En el barrio de Puerto Madero, el Yacht Club Argentino es un edificio asimétrico que asoma en la Dársena Norte sobre el río. Tiene un cuerpo longitudinal alto, que en lo más alto posee una torre faro con esfera de vidrio iluminado y una plataforma del edificio que remite a la cubierta de un barco. El francés Eduardo Le Monnier inauguró esta construcción en 1915. Su coterráneo Louis Dubois estuvo a cargo en 1906 del Hotel Chile, con una fachada de abundantes formas sobre la Avenida de Mayo. Los balcones son franceses y se ensanchan en los pisos superiores y está culminado por una cúpula.

Así como el art nouveau se manifiesta en grandes edificios, también hay casas solitarias con un valor arquitectónico inconmensurable. En la elegante avenida Alvear, entre Callao y Rodríguez Peña, está la residencia Llobet, que se construyó a principios de siglo XX con influencia Sezessionstil vienés en sus líneas geométricas.
El estilo similar y más ornamentado se expresa en una casa de renta en Salmún Feijóo 730, en el barrio de Barracas. Cerca de ahí, un galpón en la calle Herrera al 700 construido por Pierre Massüe combina líneas curvas sobre las aberturas de su fachada como un bloque único. Reaccionario y libre, este arte se plasmó en edificios de variadas funcionalidades.